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Recientemente la ciudad de Córdoba le ha dedicado una calle a Emilio Serrano, situada entre la Plaza de las Tazas y la calle Santa Inés, en el barrio de San Pedro. Los cordobeses nos hemos de felicitar porque el nombre del insigne pintor, dibujante 0y grabador cordobés figure en un espacio de su querida Córdoba, a la que en tantas ocasiones plasmó con mimo y perfección en su virtuosa obra con el afán de elevar a lo sublime la historia de la pintura cordobesa dentro de su constante pero callado quehacer.

Desde aquí mostramos nuestro agradecimiento a las entidades y personas que con su esfuerzo han propiciado la adjudicación de esta calle, principalmente a la Escuela de Arte DIONISIO ORTIZ, al poeta y académico D. Pablo García Baena y al historiador del arte y académico D. Ángel Aroca Lara.

 

Reproducimos la carta dirigida al Director del Diario Córdoba por la cordobesa Manoli Delgado referente a la calle dedicada a Emilio Serrano.

Carta Manoli 1
Carta Manoli 2
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Dialogos
Diálogos.

DIÁLOGOS. El querido poeta de Cántico, Pablo García Baena y Ángel Aroca, hedonista profesor de Historia del Arte y exdirector de la Real Academia de Córdoba, recuerdan desde la admiración entusiasta la obra pictórica de artistas y amigos que supieron representar la atmósfera íntima de Córdoba. (pág. 18)

    Ángel: Córdoba puede ser muchas cosas  y también la sobria belleza de la cal. Con la plaza de otro amigo, la de Emilio Serrano, hemos  tenido mucha suerte.

   Pablo: Una suerte tremenda. Estrella, viuda de Emilio, y los amigos queríamos que estuviera dentro de la Córdoba antigua y, como dijo Estrella, está casi en su barrio, cerca de Santiago y la Magdalena.

  - En la presentación de su exposición  post mórtem, Emilio Serrano. Su fulgor, en el Palacio de la Merced, dijimos que merecía tener una calle con su nombre en la trama urbana de la ciudad. Allí había algún concejal que dijo que había tomado nota y que se haría rápido. Yo quería que fuera una institución la que promoviera el tema y, ante el escaso interés de la dirección de la Real Academia de Córdoba, se hizo a través de la Escuela de Artes y Oficios, con una propuesta bien fundamentada y razonada. Apoyamos la propuesta los que estábamos allí: Estrella, Ana Tamayo, Jesús Cabrera, dos señoras  admiradoras de Emilio, tú y yo. 

Pusieron su nombre a una placita-calle que está entre las callejas de Santa Inés  y la Plazuela de la Tazas, por la zona de Regina. Un sitio nuevo y minimalista, muy cordobés, muy Romero de Torres.

- Es una plaza simple, con unos naranjos y unos bancos. Muy discreta, muy para Emilio, que era de esa discreción cordobesa. Dentro de todo hemos tenido suerte, no puedo decir que Emilio, el pobre mío, la haya tenido, pero la plaza tiene una calleja, que da a la plazuela de las Tazas, que no tenía nombre y ahora también se llama Emilio Serrano. Pusieron el segundo apellido y parece que Estrella pidió que lo quitaran, no es necesario, él siempre había firmado solamente como Emilio Serrano. Tan buen amigo.

  - Tan buen amigo como pintor de Córdoba en sus cuadros. A nosotros nos retrató y nos colocó Córdoba de telón de fondo. Para otro de los programas del Día de Góngora en la Real Academia le pedí un dibujo. Representó a don Luis  sentado en una mesa y en la parte de abajo, enlazando con una  de las patas, el perfil de arquitectura de Córdoba.

Diálogos

 - Casi siempre era el mismo fondo, pero distinto. Fondo de Ribera con Catedral vista desde la Ermita de los Mártires. Emilio También pinta el San Rafael del Puente Romano en varios óleos. Dejó inacabado su homenaje a Córdoba, un cuadro gigantesco, como ahora se hacen. Se pudo ver en el Palacio de la Merced, en la exposición que Emilio estaba preparando.

- Cuando vino de Barcelona en el año 82, Emilio ya traía el boceto a tamaño real de este gran cuadro. Me lo desplegó Estrella en el estudio. Era su homenaje a Córdoba, con ese paisaje característico, un bodegón sobre la mesa y el cochecito de niño, que conforman un fragmento espléndido, y el naranjo coronándolo todo, rematando ese homenaje inacabado. Las niñas, que están prácticamente terminadas, originariamente eran una niña, en el centro, y dos azafatas que me recordaron Las Meninas. Luego serían tres niñas, una iconografía que viene del mundo clásico, las tres gracias, que han venido repitiendo cantidad de pintores. Aquí, una niña, enlutada y llorosa, es el dolor; otra, con jazmines y de albura resplandediente, es la pureza; y la tercera, que lleva un espejo, simboliza la verdad.

  - Desde ese fondo que pinta, recuerdo una fotografía en la que Emilio, a los ocho o diez años, junto a muchos chicos, que deben ser  del mismo colegio, están asomados a los barandales del río. Quizá esa cercanía de los barandales es lo que luego hizo que, desde el otro lado, pintara esa Córdoba por donde andaba y trotaba desde chico.

                                                                     RSF

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